Cuando se sigue una didáctica correcta, los resultados son por demás satisfactorios. Al respecto cabe señalar que no existe un antes y un después, lo que marca la diferencia es la forma en que se comparten los conocimientos de las generaciones viejas a las nuevas. (aquí entra el concepto del cultura).
Si bien existe un derivado de las Artes Marciales que es el aspecto deportivo, no debemos olvidar que ante todo, lo que se está transmitiendo es una FORMA DE VIDA, que incluye no solo el cómo nos vemos en la cancha, sino también fuera del área de competencia, cómo nos conducimos por la vida.
Se conocen anécdotas de deportistas que han llegado a la cumbre del éxito al ganar campeonatos nacionales, internacionales, mundiales y olímpicos, nadie les niega que en un momento gracias a su preparación se les llega a admirar y a poner al nivel de semidioses, no obstante, una vez pasada la euforia, han decepcionado a los fanáticos con su mal comportamiento. A este respecto, el Karate-Do hace mucho énfasis en sus practicantes al inculcar valores, de hecho, los Dojos serios, incluyen dentro de la hoja de inscripción una leyenda en la cual se condiciona al alumno a que si presenta una mala conducta ya sea dentro o fuera de las instalaciones se hará acreedor a una sanción, la cual consiste en darle de baja de manera inmediata.
Claro que siempre existen excepciones y no se pretende alabar el Karate-Do como único transmisor de buenas maneras, personas buenas y malas existen en todos lados y en cualquier medio, lo importante es reflexionar sobre ¿qué tanto como instructor de Arte Marcial estoy incidiendo en la conducta de mis discípulos?, ¿qué comportamientos y ejemplos le estoy transmitiendo?, ¿cómo se ve reflejada la enseñanza de las Artes Marciales en mi medio social?.
Como se puede apreciar, el ser instructor no se limita a llevar al triunfo al competidor (estamos hablando de Artes Marciales), ya que el aspecto deportivo es solo una pequeña parte, se le debe mostrar al alumno el camino para ser un triunfador en LA VIDA, a vencer a su peor enemigo que se encuentra dentro de sí mismo y algunos le llaman "miedo", "inseguridad", "duda".
Quizá debemos replantearnos hacia dónde nos estamos conduciendo, ¿nos importa más tener un centenar de alumnos que cada 8 días participen en eventos y por consecuencia nos dejen ganancias económicas?, o ¿en verdad deseamos trasmitir un conocimiento real y de calidad?.
Lo anterior nos lleva a otros cuestionamientos: ¿estamos realmente preparados como instructores?, ¿nosotros mismos nos actualizamos e investigamos o solo transmitimos de manera autómata lo que alguien nos enseño?.
Cerramos este artículo con un vídeo donde nos muestra un excelente trabajo de enseñanza-aprendizaje de una pequeñita de 5 años, obviamente, este no es un trabajo de 3 meses con el único fin de ascender una cinta, por supuesto que para lograr este dominio técnico debe tener concentración, disciplina, control, respeto, en pocas palabras: ha recibido una preparación INTEGRAL, ¿cuantos de nosotros no quisiéramos tener este tipo de alumnos?, es más, ¿cuantos instructores y árbitros no desearían tener esta capacidad técnica?
¡¡¡¡A ENTRENAR SEÑORES!!!